martes, 28 de febrero de 2012

Malvinas: memoria y justicia



Por Memoria, Paz y Soberanía


La cuestión Malvinas ha desatado en las últimas semanas opiniones diversas desde diferentes lugares de pensamiento. Así fue la posición que tomó un grupo de intelectuales y periodistas que plantearon ante la sociedad una “posición alternativa”, proponiendo la autodeterminación de los habitantes de las islas Malvinas, pidiendo al Gobierno revisar el reclamo de soberanía que está consolidado como política de Estado en todo el proceso histórico que va desde 1833. Esta posición se planteó desde siempre en la comunidad internacional, y en la actualidad es respaldada por todos los países latinoamericanos que entienden que Malvinas es una causa de América latina.

Todo el arco político nacional coincide con la posición actual del PEN y así se vio reflejado en la declaración de Ushuaia con la presencia de los representantes de las comisiones de relaciones exteriores de las cámaras de Diputados y de Senadores que impulsan una resolución de Estado.

La Presidenta de la Nación, Cristina Fernández, después de su licencia aparece públicamente con un nuevo paradigma sobre Malvinas, planteando el concepto de democracia y soberanía, y haciendo hincapié en la memoria, la verdad, la justicia y la defensa de la soberanía popular.

Este espacio de pensamiento, de Memoria, Paz y Soberanía constituido por ex soldados combatientes de Malvinas, en su momento, emitió su opinión al respecto sobre la intención de los llamados “intelectuales”, pero observamos que aún persisten otras líneas de pensamiento que sostienen la “sacralización de la guerra”, que se interponen a cualquier acción que permita construir un relato distinto de lo contado en cientos de libros que relatan la guerra de Malvinas con épica militar.

El lunes 27, en una nota publicada en este diario, “La batalla de los epítetos”, escrita por Ana Jaramillo, miembro del Instituto Manuel Dorrego y rectora de la Universidad Nacional de Lanús, en su nota de opinión plantea su preocupación por el debate histórico, metodológico, teórico, político e ideológico en referencia a la postura “alternativa” de los intelectuales.

Para los ex combatientes que conformamos este espacio de pensamiento por la Memoria, Paz y Soberanía, es de suma preocupación la posición esgrimida en parte de la nota por la rectora de la Universidad de Lanús, donde interpela a los argentinos con lo siguiente: “¿Qué intereses defienden quienes quieren hacer aparecer a los veteranos como víctimas de la dictadura y no como patriotas que lucharon en una guerra, y a la población en general que apoyó y apoya los derechos sobre las islas como manipulados e irreflexivos?”.

Como primera medida, la política por Memoria, Verdad y Justicia, junto a Malvinas, son políticas de Estado, nuestro país es ejemplo mundial en la lucha por los DD.HH. y eso también incluye la posibilidad de investigar, en este presente, los hechos aberrantes cometidos por oficiales y suboficiales contra los soldados en Malvinas (víctimas), como estaqueos, muertes injustificadas por hambre, torturas y vejámenes que cometieron las Fuerzas Armadas que sostenían en su ideología la doctrina de la seguridad nacional y no la de defensa nacional. En la guerra de Malvinas, si bien hubo reconocidos actos de valor y heroísmo, participaron represores que hoy están condenados o bajo proceso por violaciones a los derechos humanos.

Quizá la rectora de la UNLA, Ana Jaramillo, se encuentre incómoda con la posición que la presidenta Cristina Fernández le impone al tratamiento de la cuestión Malvinas, que entre otras acciones solicitó la desclasificación del Informe Rattenbach, y ello lo podemos ratificar porque desde esa universidad el Observatorio Malvinas, en el año 2010, publicó el libro Malvinas en la Historia. Una perspectiva suramericana.

En dicha publicación se construye la imagen de una sociedad que masivamente apoyó la recuperación de las islas Malvinas (páginas 216-217). Por tratarse de una historia político-militar del conflicto, el texto está organizado en un relato minucioso de las acciones bélicas y las negociaciones. Sin embargo, evidencia una serie de importantes inexactitudes que responden a una intencionalidad política que consideramos muy alejada de la visión de democracia y soberanía.

En el libro se expresa una línea visible desde la inmediata derrota, aquella tendiente a lavar las responsabilidades de muchos oficiales durante la guerra, y notoriamente proteger a algunos de sus cuadros, como por ejemplo, a Alfredo Astiz. Al respecto, es problemática la inclusión en dicho libro de fotos de oficiales de la Armada, y testimonios de sobrevivientes que se vinculan con los grupos de tareas de la Marina.

Esta inclusión, sin ofrecer información al respecto, es distorsiva, pues borra uno de los principales puntos de controversia que encierra Malvinas: la dictadura que la produjo, la malversación de un reclamo genuinamente popular por una dictadura ilegítima. Basta recordar que de los ocho imputados que fueron condenados en la masacre de Margarita Belén, tras 36 años de impunidad, dos de ellos son veteranos de la guerra de Malvinas.

En consonancia con la política del gobierno nacional, que pregona la memoria como herramienta de reconstrucción política, diferentes centros de ex combatientes del país son querellantes en la causa radicada en el Juzgado Federal de Río Grande Tierra del Fuego, por violaciones a los derechos humanos cometidas por los cuadros militares contra los soldados argentinos, victimas de esos militares de la dictadura.

Aquí vale acotar que el enfoque planteado en el libro, fundamentalmente, se basa en el apoyo dado al Observatorio Malvinas de la UNLA por personajes que participaron abiertamente en los levantamientos contra la democracia y forman parte del staff del Observatorio y que militan activamente en contra de la verdad de Malvinas, presentando ante la Justicia argumentos para desvirtuar las denuncias. Uno de los integrantes del Observatorio se presentó como amicus curiae en la Cámara Federal de Casación impugnando la denuncia de cientos de soldados. Otro de los que se presentaron estuvo preso por sedición en ocasión de los alzamientos de 1990.

Estos sectores se han encargado de darle a la guerra de Malvinas el carácter de “gesta patriótica”, como si el sentimiento que los argentinos tenemos con nuestras islas fuera propiedad de esa dictadura genocida que sólo la usó para salvarse.

La posición de Ana Jaramillo revela una visión parcial e intencionada de una cuestión muy compleja si es que efectivamente queremos ser coherentes con las políticas de democracia y soberanía que se promueven.