domingo, 9 de enero de 2011

Crisis del imperialismo


Por: Manuel Taibo...

En el reciente siglo XX pasado se han desplomado imperios coloniales, se realizaron revoluciones anticoloniales, unos Estados renacieron y otros emergieron. Hoy, los países de reciente soberanía constituyen más de la mitad de la Humanidad en nuestro planeta Tierra, y ellos determinan, en muchos aspectos, el carácter y el desarrollo del acontecer mundial. Estamos convencidos de que seguirá aumentando el papel de estos países que desempeñaran en los asuntos internacionales y en la definición de las vías de desarrollo económico de los pueblos. Así que los resultados de los movimientos de liberación nacional de los países progresistas de nuestra América están presentes. Las naciones progresistas estamos del lado de los pueblos que luchan por la libertad, la independencia nacional y el progreso económico-social.

Pero también es cierto que, al conquistar la “independencia política” y al regirse por sí mismos, buscando la libertad económica, los pueblos liberados se ven obligados a luchar duramente por liquidar el atraso del desarrollo social, la miseria, y por fortalecer su soberanía.

Ansiosos de aplastar y derrotar a los países liberados y detener la marcha de la Historia, las fuerzas del imperialismo lideradas por el Gobierno Norteamericano, recurren al sabotaje económico, a las provocaciones políticas, y ejercen una presión directa de fuerza. Esta política se basa en la “doctrina del nuevo globalismo”, de la seguridad preventiva, elaborada a toda prisa. Esa línea no brilla por su originalidad; se quiere volver al viejo y clásico sistema: La ley del garrote. No nos cabe la menor duda de que sin la injerencia norteamericana en los asuntos internos de nuestros Estados, los conflictos internacionales y regionales se atenuarían y se les podría dar una solución más fácil definitiva y justa.

La crisis económica mundial del capitalismo la sufrimos todos los países, sobre todo, los del Tercer Mundo. La caída de los precios del petróleo, de otras materias primas, y la falta de alimentos, todo ello amenaza con hacer mayor la dependencia de los países pobres, que tienen, además, una gran deuda exterior. ¿Qué sucede? El imperialismo, al mantener a nuestros países en una situación desigual, carga sobre ellos las consecuencias de las distorsiones operadas en su economía propia. A ello se debe que los precios de las materias primas sean los más bajos, a ello se debe la caída de los precios del petróleo y la falta de alimentos y su excesivo costo.

El imperialismo, al explotar a los Estados emergentes, se lucra y enriquece. En gran medida, por medio de estos países, financia él la carrera de armamentos. Resulta que por una parte está la deuda multimillonaria de los países en desarrollo, y por la otra, las superganancias de las transnacionales. Esta política imperialista es bien conocida en Asia, África y América Latina, en todo el mundo. Es un hecho que sólo para pagar los intereses de la deuda exterior, los Estados en vías de desarrollo desembolsan más de cien mil millones de dólares al año. Pagan sumas superiores a los nuevos créditos. También podemos mencionar un hecho elocuente: por cada dólar invertido en América Latina, las transnacionales norteamericanas y europeas obtienen dos dólares y medio en ganancias. Esa es una contabilidad dura, pero el imperialismo no conoce otra.

Debemos sanear la economía en nuestra América. Juntos todos los países, abogamos por reestructurar las relaciones económicas regionales e internacionales sobre unas bases justas y democráticas. Una reestructuración así podría comenzar por el cumplimiento de los más importantes postulados para un programa de nuevo orden económico en Latinoamérica. El concepto, que prevé garantizar la seguridad económica de todos nuestros países, tiene que coincidir con este programa. En él debemos excluir de la práctica internacional toda forma de discriminación, solucionar con justicia la cuestión de la deuda, sumar los esfuerzos de todos para solucionar los problemas globales, comprendido, desde luego, el del desarrollo. Insistimos, la paz y el desarrollo son inseparables, y en el camino de conseguirlo, coinciden los intereses de los países del ALBA y de la UNASUR. Nuestras naciones ocupan posiciones parecidas en cuanto a la lucha por la liberación de los pueblos y por la paz. Hace mucho tiempo que se estructuraron las relaciones entre nosotros, y se puede hacer un balance para evaluar objetivamente la importancia de las mismas y trazar caminos reales de desarrollo. ¿Cuál es el futuro sobre ese particular? Tenemos que avanzar sin debilitar la protección social de los pueblos en socialismo. Por todo esto no necesitamos beneficios ni productividad a todo costo.

Todos somos distintos, cada cual tiene su ideología, acepta uno u otro sistema político, sigue unos u otros credos religiosos. En efecto así es. No obstante, hoy dependemos sobremanera unos de otros lo cual significa que debemos razonar a partir de los criterios nuevos. Somos conscientes de que en la práctica de las actuales relaciones económicas internacionales el imperialismo a introducido métodos incivilizados, como discriminación en diversas formas, sanciones, bloqueos económicos, embargos, prohibiciones comerciales, etc. Es axiomático que los pueblos se desarrollan y avanzan cuando se incrementa la productividad del trabajo y se eleva la eficiencia de la producción. Para ello es necesario abandonar el viejo modo de pensar, por el que los líderes del imperialismo consideran que el postulado de los legionarios romanos: “si quieres la paz, prepárate para la guerra”, puede aplicarse hoy a las relaciones internacionales que practican los Estados Unidos de Norteamérica y los países de la Comunidad Europea (OTAN).

No es una región segura en la que varios de los países de nuestra América puedan encontrarse en el umbral de la opresión de gobiernos que dicen ser “democráticos”, atrapados por el hambre y la miseria y, enormes masas de gente están dañadas por la desnutrición casi permanente. No es una región segura en la que nuestros países y pueblos se ahogan atenazados por la deuda, mientras un pequeño grupo elitesco posee más del 75% de la riqueza. Los intereses políticos y económicos de unos u otros países, o de grupos enteros de estos, son, en efecto, tan diversos y contradictorios que parece difícilmente alcanzable el consenso respecto a la concepción de un nuevo orden económico. Esperemos que las reformas se hagan realidad. Si empezamos a reflexionar en serio y en términos concretos sobre el proceso reformador, expresando las ideas acumuladas y esperando que ellas puedan ser útiles, esto significará que nuestra política no pase a ser una campaña más, que no aportara cambios de alguna importancia.

Para nuestros pueblos Latinoamericanos, el dolor y las destrucciones son el pan de cada día. Las tenazas del imperialismo retienen el progreso. La carrera armamentista consume recursos tan necesarios para resolver candentes problemas de la vida de decenas de millones de seres. Los intereses de la supervivencia de nuestra América deben ponerse por encima de cualesquiera otros, y la seguridad de cada Estado es inconcebible sin la seguridad de los demás. Porque es imposible conformarse con la situación en que se encuentra nuestra Región, bajo el peligro de una guerra, en estado de continua tirantez, en una atmósfera de desconfianza y discordia, gastando enormes medios, trabajo y talento de millones de seres en acentuar la desconfianza y el miedo. Dicho con otras palabras, el conflicto de límites entre Nicaragua y Costa Rica; la idea de un plan de paz para Colombia, es un paso al futuro, donde la seguridad de todos es la garantía de paz de cada uno. Es el proyecto inicial del Ideal de Simón Bolívar, un posible y nuevo orden de vida en nuestra casa Sudamericana. Esperemos que en la próxima reunión de jefes de Estado de la UNASUR esta idea sea desarrollada y concretizada conjuntamente.
Crisis en Venezuela:

Claros estamos que los acontecimientos operados en los mercados internacionales. En alguna medida influyen sobre Venezuela. La deuda social heredada del puntofijismo, el golpe de estado, económico y petrolero de abril 2002 y los desastres generados por la reciente vaguada son un lastre que entorpece nuestro desarrollo. La crisis del imperialismo reduce los precios y la demanda de los productos exportables, la inflación encarece las importaciones. Y a todo esto le tenemos que sumar la agresiva e inmoral especulación interna a la que nos tiene sometido diariamente la parásita y criminal burguesía en su afán de acumular riqueza, hambrear al pueblo y derrocar al Gobierno Revolucionario. La inflación en Venezuela es la más alta de toda Latinoamérica. Tal absurdo económico, —tal contradicción—, “inadvertido por los Ministros del Gabinete Económico”. Cegado el pueblo de momento por un aumento de salarios, es automáticamente anulado por un aumento en los precios al consumidor, y si estos se limitan por coacción estatal, ocurre igual, es un deber y obligación del Estado controlar esta aberrante iniquidad; es obligatorio elaborar un exhaustivo análisis de costos, colocarle PVP a todos los artículos. Excepto artículos de lujo, y controlar aguas abajo la cadena de comercialización. La urgente necesidad del Estado buscando más liquidez para solucionar la carencia de viviendas, dignas para el pueblo y desarrollar la infraestructura; como contra parte el pueblo quiere consumir más produciendo menos es remediada con otra: la inflación monetaria, doble arma de la Contra-revolución. Y así, se provoca ese círculo vicioso de huelga, hambre, inflación, hambre. ¿Así queremos ganar las elecciones el 2012? ¿Por qué no se grava con impuestos a los que más tienen y ganan en vez de devaluar la moneda?

Claro está que la eficacia de la opinión del pueblo depende, en mucho, de si dispone de ilustración e información fidedigna y de hasta qué punto es el competente. Estamos convencidos de que las comunidades, que con energía y de manera consciente luchan por su estabilidad física y moral no tienen que ocultar sus necesidades, pues eso no haría más que dificultar su solución.

¡Yanquis Go Home!

¡Libertad para Gerardo!

¡Libertad para los cinco héroes de la Humanidad!

Hasta la Victoria Siempre.