lunes, 6 de septiembre de 2010

Colombia: acá las unicas putas son los paramilitares ...



El 5 de junio, en el barrio Laureles de Bosa, varios transeúntes fueron sorprendidos por dos encapuchados que se bajaron de un viejo Mazda sin placas y con vidrios polarizados, y repartieron panfletos en los que advertían  a prostitutas, ladrones y vendedores de droga sobre el peligro que corrían:  "Llegó la hora de la limpieza social. Ustedes han notado una creciente violencia, robos, atracos, prostitución y consumo de drogas, y por todo eso nuestra organización ha tomado la irrevocable decisión de atacar la violencia con violencia", dice un aparte de los panfletos.
Días antes, en un populoso sector de Ciudad Bolívar, una caravana de motos arrojó papeles con amenazas a las juntas de acción comunal. Eran mensajes de las Águilas Negras titulados 'Vuelo del Águila'. "Esto es un llamado de atención a las Juntas de Acción Comunal porque los niños buenos se acuestan temprano y los malos se acuestan para siempre".
Con base en estos panfletos, en testimonios de algunas víctimas y en trabajo de campo, la Corporación Nuevo Arco Iris, que dirige León Valencia, concluyó que en Bogotá hay presencia paramilitar en por lo menos 10 de las 20 localidades (ver mapa). "Este fenómeno puede ser el preludio del posicionamiento de actores armados emergentes en la ciudad", dice el concejal del Polo Antonio Sanguino.
Según la Corporación, células de las Águilas Negras, de las autodefensas Campesinas Héroe Carlos Castaño, del Ejército Revolucionario Popular Antiterrorista de Colombia y de los desmovilizados del Bloque Cacique Nutibara han conformado bandas que suman más de 300 hombres y están dedicadas a sembrar el terror en establecimientos comerciales, moteles, prostíbulos, casinos, sanandresitos y Corabastos. "Los paramilitares seleccionan estos negocios para quedarse con ellos", le dijo a CAMBIO Ariel Ávila, coordinador del Observatorio del Conflicto Armado de Arco Iris.
La estrategia de las bandas se basa en dos pasos. Primero, cobran vacunas a cambio de protección y seguridad, y luego, mediante amenazas y presiones sistemáticas,  obligan a los propietarios a vender sus negocios en precios irrisorios. "Por ejemplo, a mí me tocaba darles 2.000 pesos semanales para supuestamente tener el negocio seguro, pero dos meses después me obligaron a vender el local casi por la mitad de su valor", relata el propietario de un establecimiento en Kennedy.
Zonas calientes
Según Arco Iris, si bien hay presencia paramilitar en 10 localidades, existen cuatro zonas en las que estos grupos están fortaleciéndose y su influencia es cada vez más evidente.
Una  de ellas es Ciudad Bolívar, donde  el fenómeno más preocupante es el reclutamiento de jóvenes por parte del Erpac. Según informes de Inteligencia, detrás de este grupo hay  tres paramilitares desmovilizados, conocidos como 'Manonegra', 'el Marrano' y 'el Cojo', liderados por Pedro Oliverio Guerrero, 'Cuchillo', un paramilitar que se desmovilizó en 2006 y luego volvió a las armas.
El panorama no es menos preocupante en algunos sectores de Suba, donde Las Águilas Negras han creado unas especies de 'zonas francas' para vender drogas sin que las autoridades hayan hecho algo al respecto. Y es alarmante el hecho de que, como señalan algunos habitantes, no solo están obligando a desplazarse de nuevo a gente ya desplazada, sino que les exigen un porcentaje del subsidio que reciben del Gobierno.
Otra zona crítica es Bosa, pues un grupo de desmovilizados del bloque Cacique Nutibara se ha convertido en una amenaza para líderes sociales, mujeres cabeza de familia y defensores de las víctimas. Y lo más grave es que, según algunos testimonios, los apoyan algunos miembros de la fuerza pública. Según la Procuraduría, de las investigaciones a uniformados por violaciones de los derechos humanos, el 63 por ciento corresponde a agentes de Policía y el 30 por ciento a miembros del Ejército.
La cuarta zona es la de los sanandresitos: las Águilas Negras se apoderan de locales para luego convertirlos en fachada de lavado de activos. "Es probable que los sanandresitos se conviertan en centros de abastecimiento de los grupos paramilitares rurales", señala Ávila.
Ante la innegable presencia de bandas emergentes en Bogotá, la Corporación Nuevo Arco Iris concluye que contrasta la disminución de la amenaza de las Farc con la proliferación de estructuras paramilitares.