miércoles, 1 de septiembre de 2010

Colombia: Desplazamiento urbano y migración en Colombia

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Colaboracion: Compañera Mireya Beltran Rodriguez...


Es importante entender el desplazamiento forzado hacia áreas urbanas en Colombia en el contexto de la migración rural-urbana para ofrece una mejor respuesta a los desplazados, así como mejorar la política y planificación urbana para desplazados, migrantes y comunidades locales
Según los datos existentes, el 93% de la población desplazada en Colombia lo ha hecho hacia áreas urbanas. Al mismo tiempo, durante la última década el país ha experimentado un intenso proceso de migración desde zonas rurales. Bogotá cuenta con unos siete millones de habitantes, incluyendo el mayor número de inmigrantes y desplazados internos del país (alberga a 270.000 desplazados internos). Ambos fenómenos constituyen diferentes expresiones de una misma causa: la migración ruralurbana, históricamente ligada al acceso desigual a la tierra y que ha originado tensiones entre los propietarios y los campesinos y, eventualmente, al conflicto armado y la violencia que continúa provocando desplazamientos forzados.
Al día de hoy resulta difícil diferenciar las causas económicas de la migración de aquellas relacionadas directamente con el conflicto, la violencia y las violaciones de los derechos humanos. Esto hace que el proceso de registro de los desplazados internos se complique y explica, en parte, el hecho de que sólo la mitad de los desplazados internos en Bogotá estén registrados. A causa de la coexistencia de la migración y el desplazamiento, muchos desplazados internos no son conscientes de que tienen derechos como desplazados forzosos y no se registran.
El sistema de censo está obligado por ley a admitir en el registro a los desplazados internos sólo con que informen oralmente de las causas y circunstancias de desplazamiento, sin apenas diferenciar entre quienes son desplazados internos de los migrantes económicos. De modo que, en la práctica, el registro de desplazados internos acaba pareciéndose al proceso que llevan a cabo los refugiados para determinar su estatus. Sin embargo, resulta evidente que el sistema de censo de los desplazados internos carece de la protección procesal incluida en la Determinación del Estatus de Refugiado y no se concibe como un proceso de registro, que es en lo que se convierte en la práctica. Supuestamente se lleva a cabo con bastante subjetividad y arbitrariedad, teniendo como resultado la exclusión de gente que merecería estar registrada.
La aparición de asentamientos informales y de mercados ilegales de tierra en Bogotá es otra consecuencia de los flujos mixtos, como también ocurre en la mayoría de ciudades de rápido crecimiento que acogen a desplazados internos en los países en desarrollo de todo el mundo. Algunas zonas del extrarradio han crecido hasta convertirse en asentamientos consolidados, anexionándose finalmente a la ciudad como resultado de un proceso gradual de conurbación.
Es precisamente en estos asentamientos alrededor de Bogotá donde se ubican los desplazados internos. Después de pasar un breve periodo de tiempo en casa de familiares o amigos, los desplazados intentan cubrir sus necesidades de alojamiento adquiriendo o alquilando un lugar de refugio. El acceso legal a un terreno o al mercado inmobiliario requiere un poder adquisitivo significativamente mayor del que generalmente disponen los desplazados internos y el acceso a los subsidios para la vivienda exige un historial financiero y de crédito que muchos no poseen. Como resultado, la mayoría de los desplazados internos escogen necesariamente los asentamientos informales. Algunas veces estos procesos han dado lugar a desalojos masivos, mientras que otras el municipio ha legalizado el asentamiento y les ha provisto de unos servicios básicos de alcantarillado y electricidad.
El desplazamiento a grandes núcleos urbanos como Bogotá también significa para los desplazados que tardarán mucho tiempo en acceder a la ayuda humanitaria que les corresponde por derecho. Un estudio mostraba que en Bogotá, donde los largos procedimientos y la excesiva burocracia están a la orden del día, pueden pasar hasta dos años desde que se produce el desplazamiento hasta que se recibe la primera ayuda humanitaria. Esto agota la paciencia de los desplazados, muchos de los cuales prefieren, por tanto, canales de ayuda informales.



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