martes, 31 de agosto de 2010

Colombia: Opinión: Colombia: Como se terminan las guerras (II)






ArgosIs Rep. Colombiana...


Durante la Guerra Fría el poder de las armas atómicas evitó una guerra nuclear entre las superpotencias aunque no impidió que, en ese mismo período histórico, en el mundo se libraran unos 20 000 conflictos armados de todo tipo y escala.

En esa época se consumó la descolonización afroasiática, se desplegó el neocolonialismo y las superpotencias se esforzaron por atraer a los estados recién surgidos a sus esferas de influencia. Mientras se agudizaba el conflicto Este—Oeste, en 1959 al margen del diferendo que enrarecía la situación internacional, triunfó la Revolución Cubana que llegó al poder mediante una fulminante guerra revolucionaria que liquidó a la dictadura de Fulgencio Batista.

En la singular coyuntura de los años sesenta aparecieron en la escena Elvis Presley, los Beatles, Fidel Castro, Che Guevara, John F. Kennedy, Martin Luther King y Juan XXIII, gonfalones de la “Década Prodigiosa” que pusieron de moda el liberalismo, el desaliño, la herejía y la apuesta por los pobres. Al margen de conspiraciones internacionales y de inspiraciones ideológicas, la juventud avanzada del mundo protagonizó una revolución que asaltó los bastiones del conservadurismo burgués y pseudo socialista, cambiando no sólo el modo de cantar, bailar y orar de la humanidad, sino introduciendo nuevos códigos culturales y políticos.

En aquellos ambientes manipulados una y otro vez por ideólogos, escritores de ficción y mitómanos, alguno de los cuales creen que en aquellos tiempos cuando se libraron las batallas de bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles y Mayo del 68, se protestó por la guerra en Vietnam, prosperó la Primavera de Praga y se puso fin a la segregación racial en Estados Unidos, hubo una poderosa mano invisible que lo manipuló y lo condujo todo.

En medio de circunstancias reales, estimulada por el ejemplo de Cuba y promovida por ella; alimentada por las condiciones objetivas de cada país, en respuesta a la existencia de antediluvianos gobiernos oligárquicos y feroces dictaduras y a la agresividad y el intervencionismo norteamericano, en amplios círculos de la juventud y otros sectores avanzados de América Latina prosperó la idea de que la lucha armada revolucionaria era una opción viable para alcanzar la liberación nacional y el progreso social.

Cuba no exportó la revolución porque nadie puede hacerlo pero por las mismas razones, tampoco le cortó las alas. En una dialéctica llena de luces y de sombras, la imagen de la cordillera de los Andes convertida en la Sierra Maestra de América, se imbricó con las del Poder Negro en los Estados Unidos, de la revolución argelina y de un Tercer Mundo liberado y no alineado y un Vietnam reunificado. En aquel escenario se desplegó la insurgencia y el movimiento de liberación nacional latinoamericano expresado en el accionar de fuerzas guerrilleras y movimientos urbanos armados en varios países del continente.

Durante más de una década, alrededor de 40 organizaciones en una decena de países participaron en la lucha armada y, aunque su desempeño y sus luchas obraron como un catalizador influyendo en la evolución de los procesos políticos de sus respectivas naciones, desbrozando el camino que condujo a la actual coyuntura, a corto plazo, los resultados no compensaron los  sacrificios realizados.

La brutal reacción de las dictaduras militares y los gobiernos oligárquicos del continente respaldados por los Estados Unidos que armaron y entrenaron a militares, policías y torturadores, la vigencia de estereotipos ideológicos, unido a divisiones al interior de la izquierda, a los ecos del conflicto chino-soviético y a la ausencia de reales condiciones subjetivas en algunos países, neutralizaron la respuesta de masas.

En la medida en que, al sumarse Estados Unidos la contrainsurgencia logró exterminar o diezmar a algunos destacamentos guerrilleros, las dictaduras militares del cono sur desplegaron una guerra de exterminio contra las fuerzas progresistas y concertaron la represión mediante el Plan Cóndor, en 1967 el Che Guevara fue asesinado en Bolivia, en 1973 Pinochet derrocó a Salvador Allende y Ronald Reagan inició la Guerra Sucia en Centroamérica, se hizo evidente que la lucha armada, aunque podía obtenido logros, era inviable como método para alcanzar el poder.

En la década de los ochenta, con el fin de las dictaduras militares en Sudamérica y el retorno de la democracia que aunque cooptada permitía  adoptar formas de lucha política menos letales y más asimilables por las amplias masas, trabajosamente las fuerzas avanzadas de la izquierda, apoyándose más que en partidos tradicionales, en movimientos sociales y en la movilización popular, pasaron la pagina de la lucha armada que si bien no llevó a la victoria, tampoco fue estéril, sino parte de un proceso mayor.

No obstante el reflujo estratégico, en influyentes ambientes internacionales se identificaron fuerzas que expresaban compresión o simpatías hacía las luchas de liberación nacional y eran solidarias con los pueblos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala víctimas de la “Guerra Sucia”. Del seno de aquellas corrientes surgieron iniciativas y foros para negociar la paz en Centroamérica con aceptables garantías para la inserción de los luchadores revolucionarios en la vida política tradicional con aceptables márgenes de garantías.

A principios de los años ochenta, los propios movimientos revolucionarios fueron ponentes de propuestas para el diálogo que reforzaron la actividad de instancias negociadoras como el Grupo de Contadora (1983-1984) integrado por: Colombia, México, Panamá y Venezuela  y animado entre otros por: Olof Palme, Gabriel García Márquez, Alfonso García Robles y Alva Myrdal quienes no dejaron de llamar la atención sobre la necesidad de luchar contra la pobreza, establecer democracias funcionales y poner fin al intervencionismo norteamericano.

Aunque los gobiernos oligárquicos centroamericanos y Estados Unidos se opusieron y sabotearon las gestiones del Grupo de Contadora y las negociaciones de Esquipulas, Oslo y otras, no pudieron impedir el avance de un proceso que, en medio de complejas negociaciones y dificultades avanzó  hacia acuerdos de paz.

El tiempo pasó…El socialismo real se remitió; la Unión Soviética dejó de existir, Cuba entró en una profunda crisis económica y la izquierda internacional, privada de referentes teóricos y de paradigmas históricos experimentó una caída libre.

No obstante, en un inesperado giró de la situación política, cosechando lo sembrado, sumando fuerzas nuevas y apartándose de los caminos tradicionales, como Ave Fénix, la nueva izquierda latinoamericana emergió con inusitada fuerza y vigencia para alcanzar el poder en varios países en alguno de los cuales antiguos líderes y movimientos guerrilleros ocupan hoy importantes responsabilidades políticas.

En ese devenir, las fuerzas revolucionarias colombianas no han podido aprovechar las oportunidades de las coyunturas políticas, aunque probablemente estén a tiempo. Luego les cuento.