domingo, 3 de octubre de 2010

Colombia: ¿Para qué treinta bombas?




Colombia.... ARGOS: 03 DE OCTUBRE 2010...

En el diario de Santos se presentaban todos los detalles de la operación: 78 aviones y helicópteros, 800 hombres, 30 bombas lanzadas… para matar seis hombres y una mujer, recuperar algunos ordenadores, llaves USB, y en un cubo presentado como una bomba, un arma oxidada y algunos clavos…

 
xRuth Herced Rico...

El 23 de septiembre, el ejército colombiano llevó a cabo una extensa operación que desemboco en la muerte de uno de los jefes de los FARC. Este acontecimiento altamente mediatizado fue presentado como una victoria determinante en el conflicto que opone desde hace sesenta años al Estado colombiano y a las guerrillas. ¿Se va a conseguir la paz como lo prometió el nuevo Presidente Juan Manuel Santos? ¿La muerte de un jefe de las FARC bastará para poner un término a un conflicto que sobrepasa con creces el marco de la guerrilla y afecta al conjunto de la sociedad colombiana?

En 2010 Colombia eligió un nuevo Presidente. El anterior mandatario, Álvaro Uribe Vélez, fue reemplazado por su brazo derecho, el ex Ministro de Defensa Juan Manuel Santos. Este conflicto militar entre el Estado colombiano y las guerrillas de liberación nacional, no ha cesado desde hace más de 60 años, al contrario se intensificó durante los ocho años de los dos mandatos de Uribe: millares de muertos, cientos de desaparecidos, descubrimiento de fosas comunes, entre 4 y 8 millones de personas han sido desplazadas o expulsadas de sus tierras.

Durante las primeras semanas que siguieron a su investidura, el nuevo Presidente pretendió hacer creer que todo cambiaria. Mientras Uribe fingía querer atacar Venezuela, Santos realizó su primer viaje oficial para reconciliarse con el “antiguo enemigo” y, al mismo tiempo, reconciliar a los industriales colombianos que tenían créditos con Venezuela. Ulteriormente, las bases militares Estadunidense implantadas en Colombia, tema de discordia en toda América Latina, fueron declaradas anticonstitucionales. Empeñado en marcar la diferencia de su gobierno con la de su antecesor, Santos prometió igualmente realizar una reforma agraria para devolverles a los campesinos sus tierras y también aprobar una ley de reparación a las víctimas de la violencia.

El fin del conflicto?

El 23 de septiembre último, Juan Manuel Santos hizo asesinar al comandante Jorge Briceño, más conocido como el Mono Jojoy, uno de los jefes de la FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Según el Presidente Santos, esta operación debería señalar el final de un largo conflicto y el principio de una nueva era, próspero, pacífico y democrático. Sin embargo este golpe se revela puramente mediático, prueba de ello es el anuncio estilo hollywoodiano del sitio Internet El Tiempo.

Diario que pertenece… a la familia del actual Presidente ¡Santos! Quien después de sus estudios en Harvard y hasta que comenzó su carrera política, fue jefe de redacción. El asesinato del jefe de las Farc fue la principal noticias de todos los Diarios. En las fotos que la ilustran se puede ver al Presidente apretar la mano de los “héroes” responsables de la operación militar, así como la imagen del jefe rebelde desfigurado. En el diario de Santos se presentaban todos los detalles de la operación: 78 aviones y helicópteros, 800 hombres, 30 bombas lanzadas… para matar seis hombres y una mujer, recuperar algunos ordenadores, llaves USB, y en un cubo presentado como una bomba, un arma oxidada y algunos clavos. Se dice que dicho material quedó en buen estado después de la operación, mientras que los cuerpos de las víctimas, irreconocibles, solo pudieron identificarse gracias a las huellas dactilares.

Esta extensa operación de información parece haber dado un resultado positivo: ¡la cuota de popularidad del Presidente subió al 88%! En plena campaña de promoción de su último libro, Ingrid Betancourt, quien dejó su combate contra la corrupción en la selva, habló de un “halo de esperanza”. Pero sobre todo, Santos recibió las felicitaciones de la Casa Blanca.

¿Existe realmente motivo de alegría? ¿Matar a un hombre, así sea uno de los jefes guerrilleros, será suficiente para decidir el conflicto colombiano? Es una creencia muy extendida en la mitología de los Estados Unidos: en las películas de vaqueros por ejemplo, bastaba con matar al jefe indio para que la batalla cesara. Acaso la muerte de Pablo Escobar puso un término al tráfico de drogas. Y si se matara a Oussama Ben Laden o G. W. ¿Bush, doblarían las campanas por el final de la guerra en Afganistán?

La supuesta lucha contra el terrorismo es solamente un pretexto

El conflicto no se detendrá porque a las guerrillas les falte uno de sus líderes, ni aun exterminando a todos los guerrilleros. Los Gobiernos colombianos sucesivos han pretendido hacer creer que la lucha solo se hace en el terreno militar. El Estado no combate solamente la insurgencia, también a todos aquellos que se oponen a sus políticas.

Durante los últimos veinte años, han sido asesinados cientos de sindicalistas por haber defendido los derechos de los trabajadores. Millares de personas han sido detenidas en prisiones de alta seguridad por supuestos vínculos con la guerrilla: estudiantes, profesores, artistas, responsables de empresas cooperativas… Denominadas por Uribe la “rama intelectual del terrorismo.” En Colombia actualmente hay 7500 prisioneros políticos, dos tercios de ellos nunca han llevado un arma. Los defensores de derechos humanos o ciertas personalidades de las que el Estado no se puede desembarazar físicamente, continuamente son amenazadas y perseguidas jurídicamente con el fin de apartarlas de su trabajo. Cientos de personas han sido puestas ilegalmente bajo escucha telefónica. Este escándalo, conocido como “chuzadas”, solamente ha tocado al jefe de los servicios de seguridad (DAS).

Cuando una defensora de la paz es acusada de terrorismo

Tres días después del costoso y salvaje bombardeo sobre el campamento FARC, la senadora Piedad Córdoba, aunque pertenece al mismo partido del Presidente, fue destituida e inhabilitada de su cargo por un periodo de 18 años, incluso podría pasar a formar parte de la muchedumbre de los presos políticos. Esta mujer famosa por su combate por la paz, su lucha contra las políticas de expoliación, la defensa de las víctimas del conflicto, su rechazo de la militarización y su negación de la implantación de las bases estadunidenses, ha sido clasificada también como “terrorista” por haber mantenido un diálogo con el grupo rebelde.

Detrás de estos escándalos mediáticos, el conflicto aparece como: una lucha política para terminar con todo aquello que va contra la lógica neoliberal que reina en Colombia. Un centenar de familias se reparte el país y sus riquezas para revenderlo a las potencias extranjeras. Dicha oligarquía se muestra fuerte frente al “terrorismo” rechazando todas las negociaciones, al mismo tiempo se revela débil y cómplice frente a las multinacionales a quienes cede a precios ínfimos terrenos agrícolas, minas de oro, pozos petroleros, agua… a cambio de una escaza contrapartida; lo más grave es que la población no se beneficia de nada, la mitad de ella vive bajo el umbral de pobreza y ciertas regiones no tienen agua corriente, ni electricidad, ni médicos.

La resistencia colombiana como ejemplo

Incluso admitiendo que el conflicto armado va a cesar después de este asesinato, la lucha de la sociedad colombiana no se acabará. Los campesinos desean recuperar sus tierras, los periodistas su libertad de palabra, los presos políticos su familia, los desplazados su casa, los Colombianos su soberanía nacional, su derecho a la salud y a la educación… Este combate se organiza y se tejen redes. Se han creado decenas de organizaciones locales, nacionales e internacionales y se lucha cada día, con los riesgos que ello incurre, para que este conflicto se revele como lo que es: una lucha de clases. Algunas asociaciones se encargan de recoger testimonios, otras de formar jurídica y políticamente las comunidades para que puedan defenderse. Hay algunos que luchan en el Congreso para obtener reparaciones, otros enseñan a organizarse para colmar la ausencia del Estado. El pueblo colombiano no es pasivo ante esta lógica de violencia. Su lucha debería ser un ejemplo para todos los pueblos que viven bajo falsas democracias.

No son las treinta bombas caídas del cielo que harán cesar la violencia, sino este verdadero trabajo de terreno por la paz y la dignidad de los colombianos.