martes, 12 de octubre de 2010

Queridas Niñas y Niños

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Colaboracion: Compañero.

انريكو Goodaim...



Aunque, probablemente, por su corta edad no logren entenderlos, les dedico estos poemas a Ustedes, las Niñas y los Niños de este planeta Tierra.

Lo que deseo decirles, está dicho en cada estrofa.

Lo que pienso sobre la responsabilidad de los adultos, también.

Nosotros, los mayores, siempre estamos vinculados de alguna forma con Ustedes. No solamente siendo sus padres. También siendo sus: hermanos, abuelos, tíos, primos, vecinos, maestros, científicos, artistas, militares, gobernantes, y muchos roles más.

En cualquier lugar que ocupemos, lo que hagamos y lo que dejemos de hacer, influirá en Ustedes.

Sepan que no nos estamos ocupando de muchos temas urgentes, dolorosos, preocupantes, fruto algunos del egoísmo, otros de la sinrazón, otros de la incapacidad... Y ¡Quién sabe cuantas razones más!.

Y se amontonan pilas de problemas sin resolver en esta única casa que tenemos y que se llama Tierra.

Permitimos la destrucción de los recursos naturales del planeta donde Ustedes viven y vivirán; arruinamos la tierra, el agua y el aire.

No encontramos el modo de desterrar la guerra; y mueren muchos por la irresponsabilidad de unos pocos.
Dejamos que nos obliguen a dedicarle más horas a la producción que a los hijos.

El alcoholismo y la drogadicción avanzan sobre nuestras comunidades.

Tal como camina el mundo, les dejaremos: guerras, sobre-población, índices altísimos de pobreza, analfabetismos y enfermedad, selvas arruinadas, efecto invernadero, capa de ozono dañada, más y más horas de trabajo cada día hasta que ya no recuerden que es la familia, drogas y alcohol con un letrero informando que es perjudicial.

Los adultos, tenemos que construirles un mundo mejor.

Un mundo mejor “para todas las niñas y niños de la Tierra”; ese debe ser nuestro objetivo.

Los niños del mundo pobre,
se les recluta para ser escudos,
se les arma para ser guerreros,
se les adoctrina para ser leones,
y a cambio de pan, reciben odio,
que les mutila la sonrisa del alma.

Los pobres niños del mundo rico,
abandonados a sí mismos
y a sus instintos del vicio,
viven tan ociosos como vacíos,
entre computadoras
que hablan,
pero no sienten,
en una casa donde los padres
viven cada uno a su manera,
sin tiempo para sus hijos,
sin deber educativo alguno,
tan sólo el derecho
a traerle una cosa cada día. 

Ante preocupante atmósfera,
dispongo y propongo,
por orden del corazón,
acorazado por el desorden,
lo que sigue:
Que al niño se le trate como niño,
que los padres multipliquen el amor,
y que el mundo divida los panes.

Porque…
la familia debe ser para los niños,
el primer latido de paz,
y el mundo,
el primer verso de amor.